Si hay una prueba de habilidad que se le pueda exigir a un conductor de autobuses, es hacer la línea 2D de Lugove. Y es que al llegar al entorno de la iglesia de San Pedro da Ramallosa, pasando por la Rúa de Manuel González Prado, en el cruce con la Rúa de Jesús Marzoa, hay que pasar entre dos casas por un paso tan estrecho que es imposible imaginar que un vehículo míninamente grande pueda pasar por ahí, y menos un autobús de 12 metros.

Pero pasaban, con una maniobra que sorprendía a cualquiera, consiste en salir recto y en un momento que conoce el conductor, girar completamente el volante. En sentido Ramallosa, el espejo ha de sobrepasar el muro de la casa, mientras el autobús se aproxima muy peligrosamente a la esquina de la casa de la izquierda. Y generalmente, suelen salir. Y si el autobús va lleno de chavales que se dirigen a la Arribada o a cualquier fiesta del entorno, si la maniobra acaba en éxito, es suficiente para ganarse el aplauso del público.

Pero no siempre funcionaba. Una señora del entorno decía que en tiempos del atesa, había uno que cuando venía, siempre se escuchaba un PUM, acompañado generalmente de un espejo retrovisor menos o un cristal destrozado.

De hecho, no parece ser el único. Si uno ve la esquina de la pared de la casa número 28, puede observar la historia cromática reciente del transporte público en el Val Miñor, desde el azul oscuro del atesa, pasando por el azul claro de los autobuses de Lugove de segunda mano con los que comenzaron la concesión, hasta el gris actual. Y claro, a la empresa no le hace mucha gracia que cada poco, uno de sus autobuses acabe con un espejo menos, con un cristal roto, o directamente, bloqueado en el cruce y necesitando ayuda para salir. Y todo, para recoger a alguien en algún viaje.

Por eso, desde hace unas semanas, se modificó el recorrido, y ahora, en vez de circular por esta calle y por Manuel Lemos, se circulará por la Rúa de Ana Isabel Costas Piñeiro y la Avenida de Portugal, una idea que llama la atención porque era tan obvia y hasta entonces a nadie se le había ocurrido. Y no solo porque esta calle sea mucho más ancha, es que acerca a los usuarios al centro de salud del Val Miñor, el más importante de la comarca y el único que tiene punto de atención continuada. Con todo, no vendrían mal un par de paradas en esta calle, una en el parque infantil de Vilariño, y otra en el entorno de la calle Lameira, más que nada, para que la gente de la zona pueda utilizar el autobús en vez de verlo pasar por su calle haciendo ruido y ocupando espacio. Y también convendría que retiraran los cuatro postes de ATSA que ya no prestan servicio, puesto que alguien podría pensar que el autobús aún circula por allí, como toda la vida.

Por lo tanto, el 2D de Lugove gana en sensatez a costa de perder el gran atractivo de la línea, que era el poder comprobar como un autobús de 12 metros puede pasar por sitios imposibles si el conductor tiene la suficiente habilidad para ello. Ahora, solo quedará en el recuerdo de los que alguna vez pasamos por aquí pensando en cuantos milímetros separan el espejo retrovisor del muro de la casa. Pero sinceramente, la idea de cambiar el recorrido debió haberse tomado mucho antes, y así los seguros de ATSA y Lugove no hubieran tenido que desembolsar tanta pasta por las decenas de retrovisores y cristales rotos que dejó el cruce del cruceiro.