En 1995, tras la llegada de la nueva concesión, y como parte de las mejoras para el nuevo servicio (donde se pasaron de 100 a 117 autobuses), se decidió establecer un sistema de líneas coordinadas, para mejorar las frecuencias en determinados tramos sin aumentar el número de autobuses.
Estas líneas cambiarían su horario, para sincronizarlas en el tramo común, y se les quitaría los números, pasando a denominarse por colores.
Eran dos lineas, la línea amarilla y la línea azul:
- Liña Amarela
Para esta línea se fusionaron estas dos líneas.
- Línea 1: Encarnación - Coia
- Línea 3: Caños - Bouzas
El tramo común sería entre Caños y Praza de América, con frecuencia de 15 minutos.
- Liña Azul
Para esta línea se fusionaron tres líneas:
- Línea 2: Coia - Encarnación
- Línea 17: Fonte Alvite - A Guía
- Línea 18: Coia - Encarnación
El tramo común sería entre el Paseo de Alfonso XII y Caños, con una frecuencia de 7,5 minutos en ese tramo.
Y llegó el día del experimento, el 27 de febrero de 1995 y el caos fue total. La gente no leía lo que ponía los rótulos, no sabía qué autobús de la línea azul le llevaría a Castrelos, o el amarillo que le llevaría a Bouzas, sobre todo la gente mayor, la gente llamaba a Vitrasa para informarse, con el consiguiente colapso de la centralita, y la gente se acordaba de los ancestros de quien se le ocurrió la idea de quitar los números. Por lo tanto, las paradas se llenaron de viajeros desconcertados, los horarios no se cumplieron ni por asomo, con autobuses del mismo color circulando juntos mientras pasaba más de media hora hasta el siguiente, la gente llegó tarde… es decir, el caos total.
Por lo tanto, la decisión fue tajante. Por la tarde, operarios de Vitrasa fueron repartiendo los números de metacrilato que quedaron en la base. Pero la esencia de la línea se mantuvo.
Es decir, se mantuvieron los horarios para mantener la frecuencia combinada entre las líneas. Y de hecho, los carteles de metacrilato conservaron en la parte derecha el recuadro con el color de la línea.
A los dos días, el 1 de marzo, la línea 3 se prolongó al pabellón de Chapela y dejó de ir por Coruña y Tomás Alonso para hacerlo por Estrada, Vilagarcía de Arousa y Marín, prolongando el itinerario común con la línea 1. La línea 2 pasaría a hacer el recorrido por Tomás Alonso y no por Coruña y Castelao.
Por lo tanto, el problema no era la línea en sí, era la nomenclatura. La gente (sobre todo la gente mayor) no lee el destino que pone en los rótulos, y en estos casos le pregunta al conductor. Este tiene que responder a la pregunta, e indicar a la gente qué autobús azul o amarillo tiene que usar, lo que aumenta el retraso y el caos. Hay que tener en cuenta que la gente ya estaba muy acostumbrada a los números, y cambiarlos iba a ser un problema.
Con todo, es curioso que implementaran líneas de colores en 1995, cuando algunos autobuses ya implementaban rótulos electrónicos, tres años antes de que vinieran las primeras unidades que los traían de serie, y siete antes de su implantación generalizada. Y más aún, precisamente en 2002, se creó la línea C3, que se convirtió en la “línea amarilla” con destinos alternativos a Coia o Bouzas, sin que hubiera tal caos. De hecho, nunca más se usaron los colores para diferenciar las líneas, salvo en el plano (de hecho es la única función actual de los colores).
Fuente: Hemeroteca Faro de Vigo. Más información en el trabajo sobre la historia de Vitrasa publicado en esta página.